"Punto de encuentro de aficionados a la Historia"

viernes, 15 de junio de 2012

LUCIEN FEBVRE


LUCIEN FEBVRE

 
 

La Escuela de Annales.

La publicación de la revista  Annales  tenía como objetivo la promoción de un nuevo género de historia que, por su favorecimiento a las  innovaciones, aún lo sigue siendo. A modo de resumen, las ideas que regían Annales serían las que vienen a continuación. En primer lugar, sustituir la tradicional narración de hechos y acontecimientos por una historia analítica basada en un problema (historia problema). En segundo lugar, que la historia abarque todas las actividades humanas (historia totalizadora) en lugar de ser una historia que sólo se centre en los aspectos políticos. En tercer lugar, que tuviera un carácter multidisciplinar, es decir, que colaborara con otras disciplinas como la geografía, la sociología, la psicología , la economía, la lingüística, la antropología social, etc.
Existe la creencia de que la escuela de Annales es un grupo monolítico, cohesionado, con una práctica histórica coincidente, cuantitativa en cuanto al método, determinista en sus supuestos y aparentemente no interesada en los acontecimientos políticos. Sin embargo,  esto no es del todo cierto pues dentro de ella han existido divergencias individuales y además se han producido ciertas realizaciones que se concretaron con el tiempo. Por ello, en opinión de Peter Burke, se debería de hablar de “movimiento”  en lugar de “escuela” de Annales.
Este movimiento se encuentra dividido en tres  fases o etapas. La primera, es la que comprende el periodo que va desde 1920 a 1945, en la cual sus integrantes se caracterizaron por ser un reducido grupo que mostraba su radical oposición a la visión histórica tradicional, a la historia política y a la historia  de acontecimientos. Estos miembros,  después de la Segunda Guerra Mundial, se hicieron cargo de la posición histórica oficial del movimiento. La segunda fase, es la que la define  ciertamente como “escuela”, pues  ya muestra unos conceptos  (referentes a la estructura y coyuntura)  y métodos propios (en especial lo referido a los cambios producidos en el “tiempo largo”). Esta etapa estuvo dominada por la personalidad de Fernand Braudel.
La tercera fase, comienza alrededor de 1968. Se caracterizará por el “desmenuzamiento” (émiettement). En esa época la influencia del movimiento fue bastante grande, especialmente en Francia, aunque parecía una “escuela” unificada sólo a los ojos de sus admiradores extranjeros y a los de sus críticos de su propio país. El reconocimiento de estos últimos  era debido precisamente por la postura unificada que mantenía  los autores de Annales de subestimar la  historia política y la de los acontecimientos.  Posteriormente, se produjeron cambios en algunos miembros del grupo que se alejaron, en cierto  modo, de los principios que caracterizaba a Annales, pues abandonaron la historia socioeconómica por la sociocultural o se interesaron nuevamente por la historia política, incluso por la historia narrativa. Así pues, hay que  hablar de tres generaciones de Annales  en las que los rebeldes  de unas se convirtieron en los conservadores de otra, para volver a  revelarse nuevamente. Asimismo, se debe destacar  de la revista y de los historiadores relacionados con ella, que son un ejemplo de interactividad efectiva entre la historia y las ciencias sociales del siglo XX.
Por otro lado, sería bueno recordar que con demasiada frecuencia  se ha considerado al movimiento como un grupo reducido de tres o cuatro personas . Es cierto que las obras de Lucien Febvre, de Marc Bloch, de Bernand Braudel o de otros son grandiosas. Pero, como en otros casos de grupos  intelectuales, éste representa a una colectividad numerosa en la que muchos hicieron sus aportaciones. Esto es bastante significativo en la tercera generación, aunque también en las generaciones anteriores. Lucien Febvre ya daba muestras en 1936 de su sueño de trabajar en equipo, sueño que se materializó acabada la guerra. Los proyectos  de colaboración  sobre historia francesa incluyeron la historia de la estructura social, la historia de la productividad agrícola, la historia del libro del siglo XVIII, la historia de la educación, la historia  de la vivienda y un estudio de reclutas del siglo XIX basados en datos de computación.


Biografía de Lucien Febvre

            Lucien Febvre nace en Nancy (Francia) el 22 de julio de 1878 y fallece el 26 de septiembre de 1956 en Jura (Francia). Este historiador  junto al otro también historiador,  Marc Bloch, fueron  los dos directores fundadores de lo que, en palabras de Peter Burke, se podría llamar “la revolución historiográfica francesa”. Por tal motivo, hay que encuadrar a  Lucien Febvre dentro de la primera generación de la corriente historiográfica de Annales. Febvre era un especialista en el siglo XVI, del que cabe destacar su carácter expansivo, vehemente y combativo (no reparaba en criticar a sus colegas si no seguían lo que él deseaba), muy diferente al de su compañero Bloch que se mostraba  sereno, irónico y lacónico. Sin embargo eso no fue un óbice para que estuvieran juntos durante veinte años trabajando  (periodo entre guerras)
            Lucien Febvre ingresó en  la Ecole Normale Supérieure en 1897, una institución académica que por esa época se encontraba separada de la Universidad de París. Ahí recibió la influencia de cuatro profesores que marcaran su trayectoria posterior. El primero de ellos fue el geógrafo Paul Vidal de la Blache, quien se mostraba interesado en colaborar con  historiadores y sociólogos, prueba de ello fue la fundación en 1891 Annales de Géogaphie en la que se puede apreciar esa colaboración. El segundo sería el filósofo y antropólogo Luien Lévy-Bruhl, de él recibe Febvre una influencia que se verá reflejada en su obra en los años treinta al tratar el tema de la “mentalidad primitiva”. El tercero fue el historiador de arte Emile Mâle, quien fue uno de los primeros que se centraron en la “iconografía”. Y por último se encontraba el lingüista Antoine Meillet, discípulo de Durkheim ( ), quien se mostraba particularmente interesado en los aspectos sociales de la lengua. La admiración de Febvre por este lingüista  y por la historia social del lenguaje se puede observar en una serie de reseñas de libros lingüísticos que redactó entre 1902 y 1906.
            Aparte de estos académicos, Febvre también recibió la influencia de historiadores anteriores como es el caso de Michelet, a quien rindió admiración  toda su vida por su obra , o  el de Burckhart  y Louis Courajod a quienes  reconoció como sus maestros. También confesaba recibir la influencia en su obra, algo sorprendente,  de  Historie socialiste de la révolution française (1901-1903), de la que es coautor el político de izquierdas Jeans Jaurés. La influencia de éste último, del que decía ser rico en intuiciones económicas y sociales, se puede apreciar en su tesis doctoral.
            Para elaborar su tesis Febvre decidió centrarse en su región, el Franco Condado,  en la época final del siglo XVI, cuando era gobernada por Felipe II. El título de la misma fue “Felipe II y el Franco Condado”, que supuso una notable contribución a la historia social, cultural y política. En ella  trató no sólo la rebelión de los Países Bajos y el alumbramiento del absolutismo, sino además la “recrudecida lucha entre dos clases rivales”, la decadente y endeudada nobleza y la ascendente burguesía que era  personificada en los mercaderes y abogados compradores de las tierras de los nobles. Aunque este esquema pueda parecer marxista, Febvre lo diferencia fundamentalmente al de Marx al presentar la lucha entre los dos grupos no como un simple enfrentamiento económico, sino también como un conflicto de ideas y sentimientos. La interpretación que hace Febvre y la que hace de la historia en general, no difería mucho de la que hacía Jaurés, quien pretendía ser simultáneamente “materialista con Marx y místico con Michelet”, pues conjugaba las fuerzas sociales con las pasiones individuales.
            Otro dato a considerar del estudio de Febvre es el que guarda relación con su introducción geográfica, en la que se detallan  las siluetas distintivas de la región. Durante la década de 1960 era casi de rigor la presencia de su introducción geográfica  en las monografías provinciales de la escuela de Annales. Su interés por la geografía histórica le llevó a realizar un ensayo titulado La terre et l´evolution humane  y publicado en  1922,  en el que  desarrolló las ideas de su antiguo maestro, el geógrafo Vidal de la Blache. Aparte de  éste último, Febvre también recibió la influencia, aunque de otra manera,  del geógrafo alemán Ratzel, quien era un pionero de la geografía humana  o Antropogeographie, como así la llamaba él, quien, a diferencia de Vidal de la Blache,  incidía en la influencia que tenía el ambiente físico sobre el destino humano.  Así pues, ante Febvre se presentaba el debate entre el determinismo geográfico y la libertad humana, pero no dudó en manifestar su apoyo abierto a la opción que representaba su maestro, es decir, la libertad humana, y sí atacar el posicionamiento de Ratzel , argumentando en su contra que existía varias respuestas al desafío de un medio ambiente dado. Febvre defendía que no habría “necesidades”, sino “posibilidades”  y lo explicó con un ejemplo: un río puede ser considerado por una sociedad como una barrera,  sin embargo por otra puede ser considerado un camino. Finalmente, no era el ambiente físico el que determinaba la decisión colectiva, sino que eran los propios hombres lo que  decidían sobre sus modos de vida y sus actitudes.
Estrasburgo
            En periodo que va desde 1920 a 1933, al que denomina  “periodo de Estrasburgo”, es uno de los más importantes en la vida de este historiador y por supuesto para Annales. Pues es el que, junto a su compañero Bloch, reúne su contacto con un grupo interdisciplinar muy activo dentro de la universidad de Estrasburgo. El grupo mantuvo sus contactos, como se puede apreciar, en los años que prosiguieron a la Primera Guerra Mundial, en una ciudad que contaba con una nueva universidad, debido a que hacía poco que había sido recuperada de Alemania.  Eso, en líneas generales, favoreció las innovaciones intelectuales y facilitó el intercambio  de ideas  de las disciplinas participantes. Desde que se conocieron en 1920 como profesores de esta Universidad, Febvre y Bloch, mostraron una amistad que se tradujo en largas conversaciones  sobre temas históricos, de las que hacían partícipes a otros colegas. Alguno de esos colegas influenciaron claramente en la obra de Febvre, como es el caso del  psicólogo social Charles Blondel, de quien obtuvo importantes idea, o el del también  psicólogo  Henri Bremond, que inspiró a Febvre a escribir su obra sobre la reforma. Sin embargo, el sociólogo, Maurice Halbawchs; el historiador de La Revolución Francesa, George Lefebvre;  y  el pionero de la sociología  histórica, Gabriel le  Brasa, influenciaron más  en la obra de su amigo y cofundador de Annales.

 
Febvre: sobre el Renacimiento y la Reforma
 
            Una vez concluido su proyecto de historia geográfica, Febvre centró su interés en el estudio de las actitudes colectivas o “psicología histórica”. Durante el resto de su vida se concentró en la seria investigación  de la historia del Renacimiento y de la Reforma, fundamentalmente en Francia. Esta trayectoria la inició con cuatro conferencias sobre el protorrenacimiento francés, con una biografía de Lutero y con un polémico artículo sobre los orígenes de la reforma francesa, que la describió como “una polémica mal planteada”.
La historia social y la psicología eran las guías en todas estas contribuciones. Un ejemplo de ello es el hecho de que en sus conferencias sobre el Renacimiento, mostraba su rechazo a  las explicaciones tradicionales que  daban los historiadores de la literatura o el arte sobre  este movimiento, en las que se explicaba el este fenómeno como una “evolución interna”. Sin embargo, él le daba una explicación social a esa “revolución”, pues entendía que lo que  surgió fue una “demanda” de nuevas ideas. De igual  modo ocurrió con su artículo sobre la reforma, en el que criticaba  a los historiadores eclesiásticos porque no consideraban a ese movimiento como algo fundamentalmente relacionado con los “abusos” institucionales  y con la reconducción de éstos, en vez de considerarlo  como una “ profunda revolución del sentimiento religioso” . Según él, la causa de esta revolución se encontraría en el surgimiento de la burguesía, que “necesitaba… una religión clara, razonable, humana y mansamente fraternal”.
             En la biografía histórica que hizo sobe Lutero incluyó en el prefacio que con ella no trataba de escribir una biografía, sino que trataba de resolver un problema, en ese caso, el problema de la relación entre el individuo y el grupo, es decir, entre “la iniciativa personal y la necesidad social” (la nécessité sociale).Pues, Febvre  apreciaba que en 1517 habían potenciales seguidores de Lutero , los miembros de la burguesía nuevamente,  un grupo social que estaba siendo consciente de su importancia en la sociedad y que se encontraba incómodo por la mediación clerical entre Dios y el hombre. En cualquier caso, Febvre  se negaba a simplificar las ideas de Lutero a una mera expresión de intereses de la burguesía.  Es más, sostuvo que  esas ideas creativas no siempre fueron adecuadas a su marco social por lo que debieron adecuarse a las necesidades y a la mentalidad burguesa  por los discípulos de Lutero, principalmente por Melanchthon.
            Por otro lado, en su obra  se puede apreciar que ciertos temas centrales se manifiestan repetidamente, al igual que la  tensión creativa  que le crea  su atracción  por los individuos y por los grupos, o la que le produce el  interés por la historia social de la religión y su deseo , también intenso,  de no  reducir  actitudes y valores espirituales a simples expresiones de los cambios producidos en la economía y en la sociedad.


La fundación de Annales.

            Al poco tiempo de finalizar la Primera Guerra Mundial, Febvre planificó fundar una revista internacional centrada en la historia económica y que fuera  dirigida por el gran historiador belga Henri Pirenne. Sin embargo, por una serie de dificultades abandonó esa idea. Pero en 1928 retomó el proyecto junto a Marc Bloch  y  consiguió su propósito. Nuevamente pidieron a Pirenne hacerse cargo de la dirección de la revista, pero éste rehusó el ofrecimiento, por lo que tuvieron que ser ambos, Febvre y Bloch, los directores asociados de la misma.
            El primer nombre que recibió fue Annales d´historie économiqué et sociale, siguiendo el modelo de Annales de geógraphie  de Vidal de la Blache. Desde un primer momento quisieron dejar claro que la revista no pretendía ser otra publicación histórica más, sino aspiraban  con ella ser un faro intelectual en los campos de la historia económica y social. Fue un auténtico representante de aquellos editores que apostaban por un nuevo enfoque interdisciplinario de la historia.
            El primer número de la revista se publicó  15 de enero de 1929, en el que sus directores dejaron notar la necesidad del intercambio intelectual entre historiadores y académicos de otras disciplinas. De hecho el comité de redacción de ésta estaba compuesto por historiadores de historia antigua y moderna, sino también por un geógrafo (Albert Demangeon), un  sociólogo (Maurice Halbwachs), un economista (Charles Rist) y un especialista en ciencia política (André Siegfried).
            La preponderancia de los historiadores económicos se vio reflejada en los primeros números, entre otros ejemplos cabe mencionar el de  Pirenne, que escribió un artículo sobre la instrucción de los mercaderes medievales, o el del historiador sueco Eli Heckscher, que fue autor  de un estudio sobre el mercantilismo. Por ese tiempo, la revista parecía la equivalencia de la publicación británica Economy History Review, aunque en 1930 anunciaba su intención de dedicarse al todavía inexplorado mundo de la historia social (sur le terrain si mal défriché de l´historie sociale).


La institucionalización de Annales

            En la década de los años treinta el grupo de Estrasburgo se dispersa. En 1933 Febvre deja la ciudad  para ocupar una cátedra en el prestigioso Collége de France de París, mientras que Bloch lo hace también para ocupar la cátedra de historia económica en la  Universidad de la Sorbona. Teniendo en cuenta  lo que representaba París como centro de vida intelectual, el desplazamiento de ambos a ella fueron un signo de éxito para el movimiento Annales.
            Otra prueba ello fue el nombramiento de Febvre como presidente de la comisión organizadora de la Encyclopédie Française, un ambicioso proyecto interdisciplinar  que comenzó su andadura en 1935. El volumen editado por Antoine Meillet, antiguo maestro de Febvre, que trataba sobre lo que se podría definir como “el aparato conceptual” (outillage mental),  fue uno de los más significativos de la enciclopedia. Se puede asegurar  que éste  sirvió de cimiento para la historia de las mentalidades, aunque también hay que darle ese valor a la publicación, que hizo por esa época un antiguo colaborador de Febvre, Georges Lefebvre, con su artículo sobre las turbas revolucionarias y sus mentalidades colectivas.
            De forma gradual Annales  consiguió ser el centro de una escuela  historiográfica. Las épocas donde Febvre ejerce la mayor parte de sus ataques a los empiristas y especialistas de “mente estrecha”, fue en las décadas de 1930 y 1940. También en esos periodos escribió los programas favorecedores de un “nuevo tipo de historia”  que apostaban por la colaboración investigadora, por generar una historia según los problemas (l´historie-probléme), por una historia de las sensibilidades, etc.
 Febvre siempre gustó de marcar la diferencia entre  los que seguían sus principios y los que no y a dividir la historiografía en “la de ellos” y “la nuestra”. Al mencionar “la nuestra”, lo hacía probablemente por ser conocedor de que  ya en 1939 había un grupo de jóvenes que seguían “el espíritu de Annales”, entre ellos Fernand Braudel, quien en fechas posteriores liderara el movimiento.
Ahora las ideas de Febvre y Bloch eran transmitidas en colegios y universidades por antiguos pupilos suyos durante su paso por Estrasburgo. Por ejemplo, Maurice Agullon estudiaba historia con uno de ellos en Lyon.
            Sin duda estos procesos quedaron interrumpidos durante un tiempo debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial. En ese periodo perdió la vida Marc Bloch  al ser fusilado por tropas alemanas tras detenerlo por su pertenecía a la resistencia francesa.
El Rabelais de Febvre
Sin embargo, Febvre continuó publicando la revista en nombre de los dos directores, pero posteriormente lo hizo en el suyo sólo. Debido a que era demasiado mayor para luchar, se pasó la mayor parte de la guerra escribiendo una serie de libros y artículos sobre el Renacimiento y la Reforma en Francia. Algunos de esos estudios son sobre individuos, como Margarita de Navarra o François de Rebelais, aunque no se puede decir que sean biografías estrictamente hablando. Estos estudios lo planificó siguiendo sus propios principios, es decir, los organizó alrededor del problema. Por ejemplo, citaba cómo se explicaba que Margarita, una princesa instruida y piadosa, escribiera una colección de cuentos, el Heptamerón, algunos bastante obsceno, por tanto se preguntaba si Rabelais era o no un incrédulo.
El problema de la incredulidad en el siglo XVI: la religión de Rabelais, éste era el título de uno de sus trabajos más fecundos publicados en el siglo XX. En unión a Los reyes taumaturgos de Bloch y el artículo de Lefebvre sobre las multitudes, este trabajo inspiró la historia de las mentalidades colectivas a las que numerosos historiadores galos se sumaron en la década de 1960.En líneas generales, Febvre en esta obra trata de contradecir la opinión que hace un historiador sobre la figura de Rabelais, para lo cual efectúa un trabajo que incluye un profundo estudio la lingüística y de las mentalidades (“aparato conceptual”) del siglo XVI , que le llevan a unas conclusiones  que décadas fueron más tarde rebatidas. Sin embargo, lo que ha perdurado como ejemplar en ella es la manera en que Febvre “plantea cuestiones” o  los “métodos” que sigue para darles respuestas.
Febvre en el poder
Finalizada la guerra, Febvre fue invitado a reorganizar y ser miembro una de las principales instituciones del sistema francés  de educación superior, la Ecole Pratique des  Hautes Etudes. También fue nombrado el delegado francés en  la UNESCO, encargado de la organización de un multivolumen, “Historia Científica y Cultural de la Humanidad”. Debido a su amplia actividad no tiene el suficiente tiempo para escribir holgadamente,  por lo los proyectos de sus últimos años no terminaron por cristalizarse o fueron acabados por otros. Por ejemplo,  La historia del libro impreso y sus efectos en la cultura occidental durante el Renacimiento y la Reforma fue en gran parte obra de uno de sus colaboradores, Henri-Jean Martin, aunque fuese publicada con los dos nombres.
En todo caso, la máxima realización de Febvre durante los años de posguerra fue establecer  la organización dentro de la cual podía desarrollarse “su” clase de historia, la Sexta Sección, fundada en 1947, de la Ecole Practique  des Estudes. Fue el presidente de la misma, la cual estaba dedicada  a las ciencias sociales, y director  del Centro de Investigaciones Históricas, que era una sección dentro de la mencionada sección.  Asimismo, se encargo  de colocar en puestos claves de la organización a discípulos o amigos suyos. Por ejemplo, a Braudel le ayudó en la administración del centro de investigación y en la de Annales. Precisamente éste último, es el heredero de su  poder en Annales y  de su sentido herético cuando se hace  cargo de la revista.

Bibliografía: Burke, Peter: La revolución historiográfica francesa: La escuela de los Annales: 1929-1989, Gedisa, Barcelona, 1996, pp.15-37




sábado, 28 de enero de 2012

PROCESO CONSTRUCTIVO DE LA CATEDRAL DE CANARIAS: LA CATEDRAL DE SANTA ANA

1.-Introducción

    La Iglesia Catedral de Santa Ana es considerada como el resultado constructivo de cuatro momentos arquitectónicos acaecidos sobre un mismo solar durante los últimos quinientos años. Dicho de otra manera, es un edificio que ha sufrido un proceso de transformación en el tiempo con el fin de ajustarse a la doble misión que lo define: sede episcopal e inmueble insignia de la representación de la Casa de Dios en la tierra.
    Como diría el arquitecto Graciano Gasparini, nos encontramos ante el monumento gótico más importante de Canarias o, sencillamente, el  monumento más importante de Canarias. Frase que puede enjuiciar a la enorme mole de piedra que se erige como ejemplo por antonomasia de la arquitectura culta en el Archipiélago Canario. La misma  emplea como estrategia el vanguardismo, es decir, aprovecha la modernidad como  instrumento espiritualista que se adapta a cada momento histórico. Esta construcción arquitectónica fue gótica cuando tuvo la necesidad programática de ser así; cumplió con el barroco para mantener la tradición insular; y abrazó el racionalismo del neoclásico con la firmeza de radicalizar el discurso de sus piedras en pro de la intencionalidad espiritual. Además, en ella queda también la huella del Renacimiento que dejaron personajes seguidores de la estela que el Humanismo dejaba en el continente europeo.
    El caso de la Catedral de Santa Ana es el de un proceso acumulador de periodos constructivos que aportan soluciones a problemas sociales y  dan respuesta a los anhelos de una colectividad , que busca en “ su catedral”,   el símbolo que evidencie ante los ojos de otras poblaciones el grado de su  progreso  alcanzado. De ahí que todas las catedrales del Mundo, en realidad todas las obras arquitectónicas  megalómanas, responden , de facto, a  una  necesidad de identidad de una población,  son el emblema urbano de esa población que las  disfrutan . Por eso se puede hablar de la existencia de una mínima complicidad entre sociedad y arquitectura de la que a la postre ambas salen beneficiadas.


2.- Necesidad de crear un símbolo religioso  que represente a  la ciudad

    En relación con la última parte del párrafo anterior, se puede decir que esa necesidad de poseer una creación arquitectónica emblemática fue , y no otro , el primer impulso seguido por los conquistadores la Islas Canarias en la postrimerías de la época feudal, cuando  incorporaron este archipiélago al orbe europeo. La religión contribuyó a la expansión política sobre una tierra “ de nadie” cuya población  autóctona sobrevivía, a los ojos de la Iglesia, en un estado improductivo que  permanecía viviendo aún en la edad troglodita. En otras palabras, la arquitectura  religiosa que hubo de levantarse  tenía la importante  misión  de evangelizar a infieles, representados por los guanches recientemente conquistados y  por  otra parte,  reforzar las convicciones de lo cristianos viejos representados por  los conquistadores venidos de las tierras ibéricas.
    Una fecha clave en su  proceso histórico es 1477, año en el que Diego Herrera  e Inés Peraza transfieren los derechos de conquista a los Reyes Católicos, quienes expresan de forma inmediata las intenciones de ampliar los territorios con la adhesión de las islas de de Tenerife, La Palma y Gran Canaria. Asimismo, los monarcas le dan un aspecto de liderazgo a esta última al concederle el privilegio de ser el territorio donde se  construyera una catedral. Cumpliendo la orden real  el capitán Juan Rejón zarpó junto a su ejército el 13 de junio de 1478 del puerto de Santa María con la intención de conquistar Gran Canaria y arriba a las orillas del Barranco del Guiniguada donde  establece el campamento, el Real de Las Palmas, que sería el embrión de la futura capital insular.

    En dicho asentamiento se instala una pequeña ermita dedicada a San Antonio, situada en un lugar preferencial. Con el paso de los años se traspasaría a la primitiva ermita de San Antonio Abad, no sin antes dedicarla durante unos años a Santa Ana, quien era la santa favorita de Pedro Vera. Cabe decir que este recinto cumplía más con las necesidades espirituales de los conquistadores que con los anhelos fundacionales de una ciudad ya proclamada por el gobernador Vera. Una ciudad que ya había adquirido el honor de ser la primera española en ultramar.  Su diseño fue ejecutado  con las premuras de una campaña bélica que no se dio por terminada hasta que Bentejuí se suicida en el año 1483, y que había  que ordenar con arreglo a los modelos urbanos que triunfaban en Europa. El primero de  los errores urbanos que se cometieron fue precisamente,  la prioridad de que se dio a la construcción de la plaza de San Antón, situada frente a la única iglesia construida en la isla. Otro, fue permitir que las casas siguieran un impulso castrense, anexión/defensa, que sofocaba de antemano el espacio público para dar al  traste con el modelo castellano al uso: iglesia-plaza-ayuntamiento. Ello demuestra el desplazamiento notable que se produjo en el centro cívico de la ciudad en la recta final del siglo XV. Algo que confirma esto es el hecho de que en el año 1500 se delineara la Plaza de Santa Ana para establecer el nuevo organigrama social.


3.- Recorrido histórico del proceso construcctivo de la Catedral

3.1. La Iglesia del Sagrario

    Al mismo tiempo que se inician los trabajos de construcción de la Catedral, también se inician los de la Iglesia del Sagrario, una iglesia que iba a cumplir con dos  objetivos. El primero, el  de ser la parroquia de la  Catedral y el segundo, el de  actuar, durante un tiempo, como catedral mientras duraran los trabajos de construcción de la catedral propiamente dicha. Pero, desde su concepción la Iglesia del Sagrario siempre tuvo un empaque de provisionalidad, como se demostró con el tiempo, pues su vida duró aproximadamente unos tres siglos. Otra de las denominaciones que recoge este espacio religioso es el de la iglesia baja o iglesia vieja. El espacio físico que ocupó hasta que desapareció en 178o, lo debemos situar hoy en día entre el cimborrio de la Catedral y el muro que linda  con las sacristías neoclásicas  proyectadas por Diego Nicolás Eduardo.
    No se sabe con certeza cuando se comenzó a construir , aunque si hay datos que confirman que las obras comenzaron por su fachada, y que alrededor de 1514 ya estaban construidas las capillas de San Juan o Baptisterio y de San Miguel, es decir, la primera nave de la Epístola y su gemela de la nave del Evangelio. Asimismo, se ha demostrado que esta iglesia  poseía siete capillas, tres en el lado de la Epístola ( San Juan o Baptisterio, la de Nuestra Señora de Belén y la de San Andrés) y otras tantas en el Evangelio ( San Miguel, Virgen del  Carmen y la de Nuestra Señora de la Antigua), para finalizar en la cabecera del templo, donde se encontraba la Capilla Mayor.
    Aunque no se ha dicho prácticamente nada sobre el estilo de esta Iglesia, es incuestionable que se trató de una obra gótica, del estilo gótico de los Reyes Católicos como diría  el catedrático de historia del arte Jesús Hernánez  Perera, que mantuvo las pautas de las primeras construcciones con porte. El edificio fue levantado en cantería labrada, cubierto por una estructura de par y nudillos de madera. En 1626 el Cabildo catedralicio acordó una remodelación de su interior que le otorgaría una novedad a su planta, ésta sería a partir de ahí de tres naves.
    En cuanto a sus principales arquitectos, Juan de Lucero y Pedro de Narea, cabe decir que mientras trabajan en ella no abandonaron los trabajos de la Catedral, es decir, realizaban una labor compartida entre las dos edificaciones. La construcción tardó algo menos de dos décadas , aunque fue objeto de numerosas remodelaciones debido al escasa calidad del material con que fue construida. Como se mencionó anteriormente, en el año 1781 finaliza la vida de este templo por la necesidad de espacio para la construcción de la Catedral, pues no hay que olvidar que la Iglesia estaba prácticamente unida a ésta.

3.2. La Catedral Gótica

    Con la bula papal ( documento sobre asuntos religiosos, sellado en plomo, con el sello del Papa) del Papa Sixto IV , el 29 de agosto de  1482 el Real de Las Palmas se convertía en sede episcopal , que tuvo  como primer obispo a Juan de Frías, quien compartió ese cargo con el de obispado  de San Marcial del Rubicón,  primer obispado de Canarias.  El 20 de noviembre de 1483 se celebró en la ermita de San Antón , único espacio religioso levantado   hasta el momento, el acto litúrgico que declararía a esta ciudad como única sede episcopal en Canarias. Este obispo fallece en 1486 sin haber logrado comenzar las gestiones encaminadas a la construcción de la Catedral, tarea acometida por su sucesor Miguel López de la Serna. Pero, al igual que su antecesor, López de la Serna muere sin lograra concretar nada al respecto.
    Es con la llegada del tercer obispo, Diego de Muros ( 1496), con  quien se inician las gestiones para dar forma física a la futura Catedral. La principal labor de este obispo fue la de interpretar y poner en práctica uno de los puntos de los Estatutos de la Catedral, redactados por el primer obispo, que expresaban el reparto de los diezmos y la proporción de estos destinados a la construcción de la catedral y otras parroquias ( Telde, Agüimes y Gáldar). Para ello, con el propósito de comenzar las obras,  entabló relaciones oficiales con las diócesis hispalensis, quien en esa época ostentaba la tutela episcopal de Canarias.
    De Muros cabe decir, que era un hombre con una herencia cultural acreditada por los propios Reyes Católicos , pues fue secretario de Pedro González de Mendoza, cardenal arzobispo de Toledo y reconocido humanista.  A Muros , también humanista,  le entusiasmaba la idea de ver un alumbramiento renacentista en su lugar de destino , pues no se puede olvidar que el linaje de su mentor , Mendoza, se le atribuye la introducción del Renacimiento arquitectónico en España, de hecho en nuestro país se le llama a este estilo, estilo Mendoza.
    La decisión de Muros se puso en marcha cuando ordenó parar las obras de la ermita de San Antonio Abad, que llevaban el propósito de ser el origen de la futura Catedral, al considerarlas carentes de calidad para una población de nuevo cuño con  aspiraciones a  ser una gran urbe. Para ese cometido solicita el auxilio de la sede sevillana ( diócesis hispalensis) para que le enviase un arquitecto. Así nos encontramos con el primer arquitecto de la Catedral, Diego Alonso de Montaude, quien comienza sus funciones como tal en el año 1479. Las primeras fueron las de acotar el espacio catedralicio sobre unos terrenos que habían pertenecido a Juan de Silverio Mujica, los cuales lindaban con la Plaza de los Alamos y la gran explanada que a partir de 1500 sería la plaza de Santa Ana.
     El periodo en el que Montaude estuvo ligado a los trabajos catedralicios, comprende desde 1479 a 1504, en ellos acometió el planning general del edificio que antecedió a la cimentación, la colocación  de la primera piedra y la erección de los muros más viejos de la construcción, localizados a los pies del templo. A él se le atribuye la definción de la fachada gótica, es más, a este arquitecto se debe el comienzo de las conocidas torres gemelas del frontispicio que estaban caladas por sendas escaleras de caracol.
     La simetría/tutoría establecido entre Sevilla y Las Palmas de Gran Canaria influye para que se considere a la  Catedral de Santa Ana como una “extensión”  modesta y conveniente  a las circunstancias edificatorias del templo andaluz que también estaba en construcción. Circunstancia que evidencia  la adopción canaria de los planteamientos arquitectónicos del gótico sevillano. En lineas generales, el proyecto de Montaude , primer proyecto de la Catedral, era el de levantar una iglesia   armoniosa que fraccionaba su salón en tres naves sin contemplar la presencia de capillas  laterales, ni crucero,  en honor a a ofrecer una solución rápida y eficaz al gran problema que planteaba la ausencia de una catedral en un territorio ávida de distintivos cristianos como representaban  las catedrales medievales. En este sentido, la arquitectura era concebida como un concepto que aglutinaba a la sociedad isleña, que estaba formada por cristianos veteranos, que querían reforzar sus convicciones religiosas, y una suma de indígenas, que debían formar parte de la comunidad cristiana.
    En 1504 se incorpora como  nuevo arquitecto de la obra  Pedro de Llerena.  De él se debe destacar su determinante intervención en el ensanche de la primitiva  planta, dándole volumetría , tecnicismo conocido como hallenkirche o planta de salón,  con el añadido de dos cuerpos de capillas que se traducen en altura por el equilibrio de línea de imposta. Es decir, las naves, central y laterales, eran más altas que las galerías fragmentadas que albergaban a las capillas,  siguiendo de esa manera el típico esquema basilical que proviene de los templos bizantinos que fueron introducidos en el medievalismo europeo. Este nuevo diseño del espacio delimitaba definitivamente el salón columnado del templo , marcando así la línea a seguir por los maestros canteros en su labor de alzamiento del mismo. 
    Tras la desaparición de Llerena en 1519, existe un paréntesis temporal en el que los único actores son operarios de obras y las ejecuciones de los trabajos son esporádicos. Hay que esperar hasta 1533 para que se incorpore un nuevo arquitecto , Juan de Palacios, que ostentaría la condición de ser el tercero que tenía la susodicha obra.  Su contribución a la obra fue también determinante, a pesar de heredar  una edificación a medio levantar y prácticamente modelada, se las ingenió para dejar su huella en la misma con las modificaciones que realizó. Éstas fueron aplicadas en la capillas de San Gregorio y San Fernando donde experimentó con aplicar yeso en el cierre de  las cubiertas  de ambas y cubrirlas con una bóveda  “ en forma de horno”. Estas novedades fueron aplicadas al resto de la techumbre del edificio. La aplicación del yeso en el cierre se determinó después del debate que se originó con algunos miembros del Cabildo catedralicio, que abogaban por la continuidad de la tradición insular que representaba el cierre de la techumbres con madera en artesonado, o par y nudillos.
    El periodo de Palacios , 1533-1551, es conocido por algunas enmiendas parciales planteadas al proyecto Llarena y por la estilización del inmueble con una serie de detalles “escultóricos” incorporados a los pilares fasciculados que ha servido para que los historiadores definan al edificio como de la estela manuelina, del gótico portugués , con añadidos del gótico isabelino. En este caso nos referimos al conjunto de “collarines” que adornan los tambores de los pilares, definidos por las arandelas y bolas que aparecen en esta época en el territorio peninsular ibérico. Otro aspecto a destacar de su periodo profesional fue la reducción de la profundidad de la planta de la Catedral. Ello obligó a que las naves, recordemos que eran tres, debían ahora alcanzar la misma altura desechando el plan proyectado por Llarena que hablaba de desigualdades laterales en favor del buque.
    Con Palacios se comienza el techado definitivo del inmueble empleándose de manera genérica la solución de los nervios y pilares la cantería azul y la plementería en mampostería ordinaria. La ojiva se transforma en símbolo que aparece en las referenciadas bóvedas de crucería o en la luz de la segunda generación de ventanas, para obtener su mayor brillantez en las “bóvedas estrelladas” que cubren parte de la nave del Evangelio. Por tanto, se puede considera a este arquitecto como el “renovador” de  la planimétrica del templo. En 1551 abandona la obra , dejándola con una estabilidad estructural garantizada por la construcción de un conjunto de contrafuertes que inmovilizaban al edificio, propósito que se marcó  desde el momento en que el edificio tenía que ganar en altura.
    Entre 1551 y 1553, la obra está sin dirección técnica tan sólo se ejecutan trabajos de entretenimiento como fue la instalación del coro de madera proveniente de la Iglesia del  Sagrario. En 1553 se incorporará a la construcción el Maestro Mayor de Obras, Martín de Narea, también apellidado de Barea, quien se hace cargo de la dirección de la misma. Su incorporación a los trabajos esta unida a la polémica, pues desde un primer momento mantiene un debate con el Cabildo al que trata de convencer de que el edificio debe de tener una estética “afrancesada”. Su idea era la de ganar altura, típico del gótico francés, por medio de una depuración técnica que incluía la descarga de los muros y calarlos con vidrieras.
    Sus propuestas y críticas no fueron aceptadas por la institución catedralicia, quien le exhortó a que continuara con el plan previsto por Montaude-LLerena-Palacios ya que un cambio supondría añadir más gastos a las diezmadas arcas de la  comunidad religiosa.  Con ello se apagó el ardor de Narea , quien comienza en 1555 la tarea de concluir los pilares y arcos de cruceros para comenzar un periodo constructivo marcado  por el techado del templo. En 1560, cinco años después, el lado de la Epístola continuaba todavía a la intemperie y las capillas no habían arrancado, con la excepción de la de San Pedro que estaba   definida por sus muros limítrofes. Por tanto, a este Maestro Mayor de Obras se le debe la delineación de la pared meridional de la Catedral, además de las bóvedas de terceletes que cubren el conjunto de las capillas adheridas a dicho muro, lo que  quiere decir  que deja terminada en  su totalidad la primera mitad de la Catedral, e inicia , al menos el  “cimborrio” que da paso a la capilla mayor, que aún no había sido delineado.
    En 1562, a la muerte de Narea toma el relevo de la dirección técnica su sobrino, el aparejador  Pedro de Narea. Si algo hay que destacar de su participación en las labores de construcción , es la operatividad mostrada. Su dedicación se concentró en el cierre definitivo de la nave central y la terminación de la capilla doble de Santa Teresa, que entonces era dedicada a la Virgen de la Antigua. Justamente en esta capilla es donde Pedro de Narea dejó su huella de calidad, una señal de su oposición al tono general de la obra que denuncia su desacuerdo con la utilización en exclusiva del estilo Gótico, al mismo tiempo que testimoniaba su acercamiento a la normas arquitectónicas que manifestaba el Humanismo. Concretamente hacemos referencia al par de columnas embebidas que dividen la capilla  de Santa Teresa. Unas columnas de estilo renacentista que mantiene semejanza con algunos trazados serlianos de reseña plateresca,  diseñadas a imagen y semejanza de los muchos ejemplos que en la fase final del siglo XVI abundan en la región andaluza.
    Una vez terminado el cierre de los espacios mencionados,  Narea se dedicó a las labores de elevación, en el límite oriental,  de un muro  fronterizo con la Iglesia del Sagrario anexionándose, por medio de una hornacina de proporciones cuadradas, lo que después se convertiría en la Capilla de la Catedral de Santa Ana. Así, el 24 de mayo de 1570 , como estaba previsto,  se consagró  el templo en el que sólo estaban en servicio la nave central y las dos laterales, además de las capillas de San Gregorio y de San Fernando, y al descubierto las restantes. Con lo que se daba por finalizada la fase inicial de la Catedral de Santa Ana. A partir de ahí y hasta los prolegómenos del periodo neoclásico en el siglo XVIII, se sucede un impás constructivo en el que se saldaron los flecos pendientes de ejecutar  por unos añadidos que mejoraban las condiciones de la edificación  y por algunas reconstrucciones que ponían al descubierto los malos consejos ofrecidos por la improvisación.
                                                   
3.3. El Periodo Renacentista

    Conocido el dato que asegura que fue en  1570 cuando da  comienzo  los actos religiosos en la Catedral , se debe mencionar que esa inauguración fue llevada a cabo quedando a la intemperie la mayoría de las capillas laterales. Además, hay que recordar, que de forma general el conjunto catedralicio lo componían tres elementos, que de forma unitaria, eran sufragados por el Cabildo, a saber: la Iglesia del Sagrario, espalda con espalda con la Catedral de Santa Ana, que también albergaba al tribunal de la Santa Cruz, la colecturía y  la librería en una de sus dependencias anexas, y unos terrenos que formaban parte del antiguo claustro. Todos estos elementos, ya en e siglo XVIII, quedarán unificados en sólo dos, la Catedral propiamente dicha y las dependencias  canónicas levantadas   en torno al Patio de los Naranjos. No obstante hasta esos momentos ésto fue un deseo soñado, que conllevaría unos grandes esfuerzos económicos y personales.
    El Patio de los Naranjos  se puede incluir dentro de estilo mudéjar canario, al ser levantado con los mismo patrones de la arquitectura doméstica insular. Es cierto, también,  que en él coexisten elementos renacentistas entremezclados con soluciones barrocas y aportaciones sin estilo académico alguno, que sólo acreditan su presencia por la funcionalidad que aportaban a un edificio que cumplía funciones administrativas.
    Si bien se ha definido a la primitiva Catedral de Santa Ana como perteneciente al estilo  Gótico, para algunos, estilo Gótico Reyes Católicos si se prefiere, se puede constatar la coexistencia de elementos característicos de la arquitectura “renacentista”. Prueba de ello es la aportación de Próspero de Cassola en la puerta principal del templo, hoy desaparecida, la Capilla de Santa Teresa proyectada por Pedro de Narea ( quien seguía  dictámenes humanistas) y la conocida Puerta del Aire, atribuida a Pedro Lucero. Elementos, casi todos, relacionados con el Patio de los Naranjos. Este lugar, que no debemos olvidar que pertenecía al claustro anexo al Catedral, no fue más que una inspiración , pues hubo que esperar hasta 1650 a que se contratara al maestro de oras Antón Pérez para que trazara y edificara la galería porticada que lo define. La culminación total de la obra del claustro llevó algo más de un siglo ya que en 1784 se inician los trabajos de acople de éste a la propia estructura catedralicia.
    La fachada principal de la Catedral, la primera que se mantuvo en pie hasta avanzado el siglo XIX, fue un proyecto del tercero de sus arquitectos, Juan de Palacios , incorporado a la obra en  1533, se adaptó a la idea de uno de sus predecesores, Montaude, que planteaba la necesidad de edificio estuviese flanqueado por dos torres ochavadas  cuya circulación vertical, e interior, fuese por medio de unas escaleras de caracol. Sin embargo, en 1589   el frontispicio no tenía su correspondiente Puerta Mayor, la portada que debía  marcar el acceso principal del templo. Esto fue enmendado con la contratación ese mismo año del ingeniero italiano, Próspero  Cassola, quien fue enviado por le propio Felipe II a la isla.     De este técnico se debe mencionar, que a pesar de su juventud, tan sólo tenía veinticuatro años cuando se incorpora al proyecto, había obtenido grandes conocimientos de los cánones que marcaba el Humanismo a través de Tiburcio Spanochi. Tomó el modelo renacentista que ya se exhibía en el Duomo de su Reggio nell'Emilia natal que fue trasladado a la Catedral de Santa Ana.
    Por otro lado, también cabe decir que ese ejercicio de imitación se produjo en otro reducto renacentista del templo en la época en la que Pedro de Narea dirigía las obras, que como se dijo antes, también corría por sus venas influencias de este movimiento cultural vanguardista en su época. El lugar referido es la capilla doble de Santa Teresa, donde aplicó su vanguardismo al aportar dos columnas empotradas  que reproducen el esquema del plateresco y que algunos teóricos regionales las han bautizado con el nombre de “columnas serlianas”, pues parecen una reproducción de los prototipos teóricos realizados por arquitecto marienista italiano Sebastiano Serlio.
    Los estriados fustes de estas columnas arrancan de un plinto cajeado con la intención de  ganar una altura descomunal que corona la sección del capitel mixto y entablamento que sirve de apoyo/imposta de los nervios de las bóvedas sexpartitas que fuero cubiertas con cierto tipo de hormigón. No contento con esto, Narea se atrevió a calar el muro de esta  capilla, que da a uno de los patios de los naranjos, con una ventana que no comparte con ninguna otra su estilo renacentista. Una luz de medio punto estructura un cuerpo de piedra finalizado por un frontón triangular mantenido por dos columnas abalaustradas rematadas con sus respectivas bolas flamígeras.
    Por último, el otro elemento renacentista señalado, la Puerta del Aire, es la portada que sirve de tránsito entre el Patio de los Naranjos y la capilla de la Inmaculada que originalmente  fue denominada de San Francisco de Paula. La tradición historiográfica señala que esta puerta fue llamada así, del Aire, en honor a los detalles escultóricos que que representaba, unos querubines soplando en alusión al ser mitológico, Señor de los Vientos, Eolo. La composición de la portada es una herencia directa de las premisas renacentistas, pues en ella se observa, como elemento estructurante y definitorio, la presencia de un  arco de medio punto.
    En fechas no determinadas aún, pero si establecidas en el siglo XVII, se suma a la labor arquitectónica de la Catedral un nuevo protagonista, Juan de Lucero, a quien se le atribuye la reparación de la capilla de la Inmaculada , que fue objetivo del vandalismo llevado a cabo por el piratas holandeses en esa época. En suma, la labor ejecutada en esta capilla viene a representar un interés por el vanguardismo europeo ejecutado en cantería azul , propia del país, compuesta por un arco de medio punto que marca el ritmo de las jambas, que son representadas por un par de pilastras cajeadas de capitel corintio de los que sobresalen sendas rosas. El arco fue decorado tanto en su rosca como en su intradós por medio de querubines y rosas alternadas, que concluyen en una bien descrita ménsula , la cual marca el centro simétrico del conjunto pétreo. La portada finaliza con una serie de dos columnas que descasan sobre un zócalo y basa ática para elevar su fuste  estriado como elemento sustentante del enorme triángulo que forma el frontón final.


3.4. La Catedral Neoclásica

    En el periodo comprendido entre el año 1570, fecha en que la que fue abierta la culto la Catedral, hasta el año 1781 que comienza su etapa contemporánea , con el derribo de la Iglesia del Sagrario para permitir  la ampliación de la misma, se asiste a un estado de “indefinición constructiva” que está , marcado por las obras  de mantenimiento y restauración. Éstas son consecuencia de los múltiples deterioros sufridos por el edificio al ser éste  el objetivo preferido de los ataques piráticos recibidos  por la ciudad. La primera señal de alarma que advierte la necesidad de reparación se constata en el año 1765, pues se observó anomalías en la pared maestra  de la nave de la Epístola y en la pared del reloj  de la  fachada de la Catedral que daba muestras de agotamiento de los materiales. Esto, sin embargo, sirvió de coartada al Cabildo catedralicio para poner en práctica una segunda fase constructiva del templo, que contemplaba la ampliación del mismo.
    La ampliación  de una  catedral era en el siglo XVIII un asunto de Estado, una institución que tenía su aparato totalmente integrado ( época del Despotismo Ilustrado con Carlos III) y al cual no se le escapaba que debía hacer importantes contribuciones en una obra tan cualificada como lo era la  Catedral de Santa Ana . Por tanto , se reclama el auxilio del rey al que se le pide parte de los impuestos de importación de los navíos que hacían la ruta americana, sean empleados en las obras de ampliación.
  Además, el Obispado de Canarias pensó en otros recursos más próximos, a la vez, como eran las aportaciones requeridas a los propios obispos y miembros del Cabildo catedralicio, con el interminable llamamiento a la población para que aportase sus donaciones  a la colecturía (recaudo de limosnas). Hay que recordar que la Catedral en el año 1781 era un complejo compuesto por la catedral propiamente dicha, la Iglesia del Sagrario añadida a su espalda y con los días contados, y unas estancias administrativas levantadas en torno al Patio de los Naranjos, que tenía incompleta su ala Este.
    En junio de ese mismo año se incorpora el arquitecto Diego Nicolás Eduardo, que acepta hacerse cargo del proyecto ofrecido por el Cabildo, al ser rechazado éste por el ingeniero militar  Miguel de Hermosillas quien mantuvo disputas con la entidad sobre  como debía llevarse a cabo dicho proyecto. Eduardo contó con la inestimable ayuda del maestro Patricio García, quien abanderaba un elenco de canteros recolectados en los más diversos rincones del Archipiélago Canario. Los dictámenes del proyecto de Eduardo se centraban en continuar con los antiguos preceptos del antiguo edificio para añadirle cuatro novedades en: a) la fachada principal; b) cubrir la vacante dejada por la Iglesia del Sagrario; c)prolongar el espacio de culto; y d) presentar un conjunto de sacristías de nuevo sello que terminarían con la elaboración de un frontispicio posterior. Básicamente, su proyecto defendía la transformación de una planta de salón de tres naves en una planta de cruz latina para imponer un crucero que obtendría unos puntos de tensión que venían siendo asignaturas pendientes del templo: el cimborrio y el presbiterio.
    Eduardo leyó el edificio gótico, para después, interpretarlo disminuyendo la presencia de este estilo en otro neogótico que va tomando fuerza a medida que avanza hacia el Altar Mayor. La unidad de diseño la encontró en las bóvedas, concretamente en la que antecedía el presbiterio primitivo y la bóvedas  estrelladas que cubrían la nave de la Epístola.  De esa manera los estilos no producían discontinuidad y mantenían un tono general que no renunciaba a la modernidad que representó el neoclasicismo proyectado en las dependencias posteriores de la Catedral.
    El cimborrio está  considerado como la pieza arquitectónica   de  “mayor valor” de todo el conjunto catedralicio. Como bien es conocido, esta estructura mantiene un papel iconográfico al ser el elemento que se identifica con la “divinidad” por medio de la luz y la transparencia.  Además, hay que mencionar que el plan de Eduardo, este elemento arquitectónico viene  a representar el paso del gótico al neoclásico por las características que se pueden apreciar en él. A saber, Eduardo intentó reflejar  en su proyecto  un tránsito estilístico sin discordancia, es decir, que lo gótico se disolviese poco a poco en lo neoclásico a medida que se ganaba profundidad en el salón del templo. Su solución fue una interpretación mixta del estilo medieval, pues la planta del cimborrio  se ejecutó a partir de un círculo que sirve de punto de arranque de una complicada bóveda de crucería con terceletes  , cuyas nervaduras arrancan de ménsulas,  tiene  terceletes  dobles unidos por ligamentos curvos. Otras nervaduras forman en el centro una estrella de cinco puntas  en torno al anillo de la linterna. La bóveda del cimborrio quedó asentada en los cuatros  ángulos del nuevo crucero, sobre los que los que elevó trozos de muros perforados cada uno por tres ventanas, que además de aligerar el peso también proporcionaban luz al crucero.
    Con el fallecimiento de Diego Nicolás Eduardo  y al haber quedado inconclusas de ejecutar  varias parte de su proyecto, es nombrado en 1804 el escultor  José Luján Pérez como capataz del proyecto de Eduardo. Pérez continuó con la línea marcada por su antecesor, pues no se esperaba otra cosa de él ya que estuvo involucrado en las obras llevadas a cabo por Eduardo. En la etapa de Luján  Pérez los trabajos se iban a centrar, especialmente, en dotar de partes relevantes de la iglesia ( coro) y en concluir el complejo religioso ( Iglesia del Sagrario).
   Asimismo, aprovechó el trazado en la planta del Sagrario para levantar un alzado que estuviese a acorde a la inexistente fachada de la Catedral, que él también interpretaría.  Su idea  versaba sobre la creación de una fachada-cortina que anulara el frontispicio gótico y que fuera ocupado por uno de diseño clasicista que le aportara mayor majestuosidad a la cara principal del edificio. Éste propone una fachada a dos cuerpos divididos  por un entablamento corrido que aloja en su parte inferior  un pórtico de tres grandes vanos  de medio punto, y en su parte superior los correspondientes vanos ciegos coronados  por  frontones curvos y frontones triangulares. Y además,  enmarca al conjunto con dos torres dispuestas a ambos lados de la planta cuadrada.
    Igual que ocurrió en 1570 , con la primera consagración del templo, en 1805 se precipitó una segunda apertura del recinto de culto. En sendas oportunidades las obras no estaban terminadas  del todo , aunque sí permitían la celebración de actos litúrgicos. Se eligió nuevamente la fecha del Corpus para festejar la nueva inauguración que , en este caso, fue más íntima que la anterior.


5.- La arquitectura del interior de la Catedral

    Una vez en el interior de Catedral, se puede observar que su planta es de cruz latina en la que se detectan  dos de las tres naves que la componen, el crucero (zona de intersección entre la nave principal y otra transversal a ella situada ante el presbiterio) y el presbiterio (el espacio que rodea el altar mayor del  templo), ya que el atrio lo encontraríamos en la parte exterior del templo a los pies del mismo. A parte de esto, también  se puede apreciar que  el interior de recinto  está dividido en tres naves longitudinales centrales de igual altura,  por ello hay que decir que mantiene una planta de salón o basilical. Además de  otras dos laterales, con menor altura que las anteriores, que contienen varias de las  capillas con las que cuentan el templo. De las  naves centrales se debe decir que  son sostenidas , por  un lado, por diez pilares exentos colocados en dos  hileras de cinco,   cada uno frente al otro , situados a lo largo de   la nave central. Estos  son del tipo  fasciculado con  baquetones   en su estructura  y  reciben el adorno de una serie de collarines con bolas , colocados a  diferentes alturas de  cada pilar. Otro elemento sustentante que se puede apreciar son las pilastras, también fasciculadas, que se encuentran adosadas a los muros. De igual modo, se observa que los pilares  que sustentan  la nave central y laterales son de medio punto que , a su vez, mantienen  las bóvedas de crucería estrellada, que en unión de los nervios de estas, presentan unas formas visuales  similares a  “palmeras”, que tanta espectacularidad dan al interior del templo.
    En cuanto a la luz que se aprecia en su interior, se observa que ésta no proviene de la apertura de la nave central, sino de las naves exteriores  donde encontramos veintiuna  ventanas ojivales  con cristales de color y debajo de éstas  unas hornacinas que también dejan pasar la luz. Además, también proviene luz de las ventanas   encajonadas en los muros de las capillas, que como se ha dicho, están situadas en los  laterales de la nave central. En general, las ventanas que están situadas en los muros  del  templo son  concebidas como pequeñas oquedades y no como amplios ventanales. A parte de la luz de esta serie de ventanas, el cimborrio también aporta luz al espacio central de la Catedral, por una lado ,  a través de las ventanas situadas a lo largo de su base, doce para ser exactos,  que tienen  forma poligonal y contienen vidrieras  de colores,  en una de ellas, la queda justo encima del Altar Mayor, está   representada  la imagen de La Virgen con el niño Jesús.  Y por otro lado,  la que proviene de las cuatros ventanas situadas en la linterna de la citada estructura.
    Otro aspecto a destacar  es  la presencia de arcos  apuntados que sirven de apertura a las capillas laterales , por tanto encontramos en el templo dos tipos de arcos, estos que hacen referencia al estilo gótico y los arcos de medio punto que son la expresión de  la impronta renacentista aplicada al edificio.  Los materiales usados en su estructura arquitectónica son la piedra ( cantería azul ) con su característico color gris  y la mampostería que se aprecia en los muros.
    Sobre las capillas, en primer lugar, hay que mencionar que en la actualidad existen trece, que son las siguientes:  Capilla de la Inmaculada Concepción , Capilla de San Pedro Apóstol, Capilla de Santa Teresa de Jesús (capilla “doble” en la que se encuentra el mausoleo de D. Fernando León y Castillo) que mantiene elementos góticos ( apuntalamiento de arcos y cubierta) y elementos renacentistas ( la arcada y los pilares) ,Capilla de Nuestra Señora de Los Dolores , Capilla de San José ,  Altar  Mayor (se halla sobre una escalinata de cantería azul y en la hornacina de su  altar mayor, sobre un pilar, se encuentra la patrona de la ciudad de Las Palmas y titular de la catedral, Santa Ana), Sala de Tronos, Capilla de la Virgen de la Antigua , Capilla del Santísimo , Capilla de San Gregorio , Capilla de San Fernando (ésta y la anterior son presentadas como una doble capilla con un arco de cantería al centro) y  Capilla de Santa Catalina.
    En las capillas situadas a ambos lados del crucero, La Capilla del Santísimo y la de Ntra . Señora de los Dolores,  existen dos pórticos de estilo neoclásico en cada una de ellas, uno terminado  en madera  ( el  de acceso a cada capilla ) y  , el otro, realizado en cantería o ( el  del interior de cada capilla).
    En suma, el interior de la Catedral presenta un equilibrio entre las lineas verticales de los pilares y la horizontalidad representada por su prudente altura, y la tenue luz que invade el interior crea un ambiente de paz y serenidad .


Bibliografía

HERNÁNDEZ GUTIÉRREZ , Sebastián (coordinador); Antonio Samuel Almeida Aguiar, et all (1999): Catedral de Santa Ana Patrimonio Histórico. Madrid: Dirección General del Patrimonio Histórico, Viceconsejería de Cultura y Deportes.

MARCO DORTA, Enrique ( 1964): Planos y dibujos del archivo de la Catedral de Las Palmas de Gran Canaria. Madrid: El Museo Canario.

viernes, 23 de diciembre de 2011

¿Qué hubiese pasado si Julio César no hubiese sido asesinado?

Si hubiera que identificar a la antigua Roma con uno de sus hombres más célebres, sin duda este sería  Cayo Julio César, hombre cuyo carácter estuvo siempre marcado por sus logros, pero también por la codicia y la presunción.

Busto de Julio César
Ha sido objeto de admiración generalizada a lo largo de los siglos y, además, su vida y obra no sólo han atráido la atención de historiadores  y biógrafos clásicos y contemporáneos, sino  también la de filósofos, filólogos, epigrafistas, arqueólogos, escritores, sociólogos, pintores, escultores  o cineastas, que han  tratado transmitir, desde diferentes ópticas, la relevancia de su figura.

La Guerra de las Galias
De él cabe destacar tres características fundamentales: la de genio militar, aún se estudian sus táticas; la de político, considerado como paradigma del buen estadista, propagandista y hábil diplomático; y la de intelectual,ello reflejado en sus obras escritas: De Bello Gallico y De Bello Ciuili.

Asesinato de César
Su asesinato lo convirtió en un mito, que ha llevado a que se formule la siguiente pregunta: ¿ qué habría sido de Roma y de la cultura occidental si Julio César no hubiese sido asesinado en los fatídicos idus de marzo y hubiese tenido tiempo para llevar a la práctica la totalidad de su programa y proyectos?

Para saber más: 
webs
libros
CANFORA, Luciano. Julio César, un dictador democrático. Ariel. Barcelona, 2000
GONZÁLEZ ROMÁN, Cristóbal. La República tardía: cesáreos y pompeyanos. Akal. Madrid, 1990.
NOVILLO LÓPEZ, Miguel Angel. Breve historia de Julio César. Nowtilus. Madrid.2011



HÉROES EN EL OLVIDO

En este post se quiere resaltar la figura del militar español  que luchó ,en tiempos de Carlos III, por la continuidad del dominio español en  las aguas atlánticas y , sin embargo, la Historia de España lo han mantenido en el olvido. Este insigne español se llamaba: Blas de Lezo, también conocido como Mediohombre, por ser tuerto, manco y cojo.

 

Su increíble azaña la situamos en “la guerra de Oreja de Jekin” , exactamente en Cartagenas de Indias , lugar que defendió de unas fuerzas británicas que superaban a las suyas en un número de 8 a 1. Inglaterra envió a la batalla un flota jámas vista hasta la de Normadía,  finalmente derrotada por los españoles.


 

Por hechos muchísimo menos importantes a los llevado a cabo por Blas de Lezo , la maquinaría literaria o cinematográfica anglosajona ha realizado obras elogiadoras de sus “héroes”. En cambio, en nuestro país no suele ocurrir lo mismo. A ver cuando se cambia el chip.

Más información en: